ACUSAN AL MINISTRO DE ECONOMÍA DE CHUBUT DE VIOLENCIA Y MALTRATO FAMILIAR

ACUSAN AL MINISTRO DE ECONOMÍA DE CHUBUT DE VIOLENCIA Y MALTRATO FAMILIAR

19 septiembre, 2018 | CHUBUT, RADIO LIBRE

¨Un ministro de un Gobernador que se autopercibe más feminista que machista, que ha pedido perdón a todas las mujeres por la misoginia de sus funcionarios, o rectifica inmediatamente su conducta o renuncia a su cargo por no estar a la altura de su época¨

 

→  La hermana del actual Ministro de Economía de Chubut escribió una carta pública para denunciar el maltrato y la violencia del Ministro de Mariano Arcioni, Alejandro Garzonio.

¨Mi nombre es Sandra Garzonio, soy hermana del Ministro de Economía de la provincia de Chubut con quien no tengo trato desde hace diez años debido a la violencia que ejerce dentro de su familia de origen, y que en este momento tiene serias consecuencias para la salud de mi madre. Transcribo el texto que hice circular entre compañeras que, como yo, militamos contra la violencia de género, y añado que el año pasado el ministro fue denunciado por el mismo tema por otra de sus hermanas, pero cuando llegó la notificación de la fiscalía, mi madre y mi padre, muy ancianos y temerosos tanto del hijo como del qué dirán, no acudieron a la cita. A continuación, el texto que hice circular por whatsapp y que acompañé con audios que relataban situaciones muy angustiantes, que prueban esto que escribo:

“Hoy, 2 de septiembre, es el aniversario número sesenta y uno del casamiento de mis padres, que resultó la esclavitud de mi madre, víctima de la violencia de género de su marido de noventa años y de la de su hijo, el actual ministro de economía Alejandro Luis Garzonio, que se ha apoderado del negocio común familiar e incumple con los acuerdos firmados: no les paga a mis padres por el arrendamiento de nuestros bienes y de la hacienda, y esto repercute en la salud de mi mamá, que no puede disponer de sus recursos para enfrentar los gastos de su vejez. Después de escuchar el relato desesperado de una de mis hermanas que no sabe qué hacer y sólo logra que tanto mi madre como mi padre se le pongan en contra –como dije, ambxs tienen mucho miedo de la furia del ministro, y también de uno de sus hijos-, le pregunté a mi madre cómo era posible que no tuviera dinero, si no les pagaba Alejandro Luis por el arrendamiento de todo el campo y de la hacienda común, mi madre me dijo que sólo les está permitido sacar mercaderías de un almacén de ramos generales y él se encarga de pagar los impuestos… . Con el eterno argumento de que nuestro padre no puede manejar dinero contante y sonante, porque iría a parar “a su otra familia” ha impuesto esta política familiar, nefasta para la salud de mi madre. ¿No es una vergüenza que en el siglo XXI un funcionario público trate así a su propia madre? ¿No ha aprendido nada en los últimos años el ministro sobre la asimetría entre los géneros? Mis hermanas y yo venimos soportando su violencia, tipificada por la ley 26.485, pero con nuestra madre ha cruzado un límite que tendrá que rectificar.”
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Cuando las mujeres dejamos de naturalizar los maltratos y las injusticias que padecíamos en silencio hemos logrado que nuestros derechos pisoteados atraviesen las paredes de la intimidad tantas veces violenta de las familias, y adquieran rango de ley. Además, un ministro nombrado por un Gobernador que se autopercibe más feminista que machista, por un Gobernador que ha pedido perdón a todas las mujeres del mundo por la misoginia de uno de sus funcionarios, o rectifica inmediatamente su conducta o renuncia a su cargo por no estar a la altura de su época.

También, hace unos meses, al enterarme de la exigencia del Gobernador de Chubut para que sus funcionarios cumplan con la Ley de Ética Pública y presenten sus declaraciones patrimoniales de bienes, busqué, en vano, los registros de estas declaraciones con la intención de saber si figuro en la de bienes patrimoniales del Ministro de Economía de nuestra provincia, quien, como adelanté, ejerce violencia económica y patrimonial sobre sus hermanas mujeres, a quienes obliga a mantener el patrimonio familiar común en un condominio que maneja a su antojo con su cónyuge, sus hijxs y su familia política –ejemplo: creación en 2008 de una srl, la Zeta, con su cónyuge y uno de sus cuñados con el cargo de gerentes, srl que “compró”, sin pagar un centavo por la tierra que mi madre había heredado de su padre, poblador e inmigrante vasco llegado a Argentina en 1925, violando así la legítima de sus hijas mujeres. (Mi mamá nos ha dicho que no tiene idea de los papeles que su hijo le ha hecho firmar). El ministro, pues, ejerce violencia económica y patrimonial sobre sus hermanas mujeres, a quienes excluye tanto del acceso a los bienes comunes como de la distribución del beneficio que ellos generan, llegando al colmo de que, en caso de demanda contra su grupo económico-familiar, hemos sido dos de nosotras, sus hermanas mujeres, las que hemos tenido que hacernos cargo del resarcimiento económico de las víctimas en el fuero civil, cuando fueron sus actos los que dieron lugar a una causa penal, siendo nosotras totalmente ajenas al delito cometido, claro está.

Cuando, a fines de 2010 fui convocada con mis hermanas por un Estudio jurídico en Esquel, dado que mi padre consideró necesaria la intervención de un abogado cuando su hijo Alejandro Luis decidió poner fin unilateralmente a la srl Agropecuaria Garzonio, de la que somos todas socias, y solicitó una parte demasiado ambiciosa y desmedida del negocio familiar y del patrimonio que los cinco hermanxs tenemos en condominio, en medio de una fuerte tensión, originada por la conducta violenta del ministro, a principios de 2011 firmé, con lxs demás miembros de mi familia, un convenio de distribución de bienes que luego “desapareció”, por razones seguramente relacionadas con la causa penal que no vale la pena mencionar aquí, y que obligaron a firmar otro acuerdo, en febrero de 2016, ante abogada y escribana.

Por todo lo anterior, desde hace años estoy solicitando formalmente que se ponga fin a este condominio por la fuerza, pero el ministro se niega a efectivizar los trámites necesarios para que esto suceda. Y mientras tanto, las consecuencias de esta violencia jurídica llegan hasta los cuerpos, porque semejante statu quo también se impone a los golpes, como prueban las causas por lesiones hacia los que se opusieron a la violencia de quienes nos tratan con ínfulas de patrones.

Para terminar, diré que he sido amedrentada por el ministro para que me quede “calladita y en el molde” (sic), y que también fui acosada durante más de diez horas por otro de sus cuñados, abogado, a través de mensajes privados en una red social y sms enviados a mi teléfono celular, con insultos soeces, agravios y obscenidades hacia mi persona que el santo cuñado también hizo extensivos, en sus mensajes escritos, a una parte de la familia de mi media hermana y al abogado con quién yo hubiera podido denunciarlo.

Gracias a mis compañerxs, a la militancia, aprendí a dejar de tener miedo del hermano-patrón y de toda su compañía, así que no voy a hacerle caso. Ni calladita ni en su molde, lo intimo a que cumpla con los acuerdos firmados, los que hasta ahora ha logrado incumplir, pero no ha podido “desaparecer”.

Muchas situaciones de opresión, de violencia y de injusticia contra las mujeres están en pleno proceso de cambio porque se ha empezado a creer en nuestra palabra. Yo tengo mi palabra, que puedo reforzar con pruebas de todo lo que digo. No estamos en el siglo XIX, ya no hay margen político para soportar la violencia de un hermano-patrón opresor, ni de su séquito. Hemos dejado atrás el lugar de víctimas y nos sumamos a las que se animan a decir basta. Este texto es uno de mis #YoTambién, el movimiento internacional de mujeres que representa “el fin de la solidaridad masculina que cosifica a las mujeres y las considera de su propiedad.”

Gracias por leerme, escrito en Buenos Aires (CABA), en la madrugada del 5 de septiembre de 2018.